06/02/2026
El tratado Mercosur–UE y su impacto en exportaciones, aranceles y reglas de juego
La Unión Europea es uno de los principales actores del comercio global: concentra el 14% de las compras mundiales de bienes y servicios, que equivalen al 72% de su PBI. En ese marco, el vínculo con el Mercosur ya tiene un peso significativo: hasta ahora, más del 14% de las exportaciones totales del bloque sudamericano tuvieron como destino el mercado europeo, mientras que el 20% de las importaciones regionales provinieron de ese origen.
Con ese trasfondo, el acuerdo entre el Mercosur y la UE dio este lunes un paso clave en la Argentina: el Poder Ejecutivo envió el texto al Congreso para su tratamiento en la Cámara de Diputados, dando inicio al proceso legislativo que deberá culminar con su ratificación. El entendimiento apunta a un objetivo central: la reducción progresiva de los aranceles y la conformación de una amplia zona de libre comercio, con reglas de origen claras para asegurar que los beneficios permanezcan dentro de ambos bloques.
El acuerdo no se limita al intercambio de bienes. También establece un marco regulatorio integral que abarca servicios, propiedad intelectual, compras públicas, comercio sostenible, empresas estatales y mecanismos de solución de controversias, un punto considerado clave para dotar de previsibilidad jurídica a largo plazo.
En términos comerciales, el texto prevé la eliminación de aranceles sobre cerca del 90% del comercio bilateral, con plazos de desgravación más extensos que los otorgados por la UE en tratados anteriores. Para el Mercosur, ese cronograma promete un impulso a las exportaciones agroindustriales, energéticas y mineras. Del lado europeo, el acuerdo busca asegurar el abastecimiento de alimentos, energía y minerales críticos, además de facilitar el ingreso de productos industriales al mercado sudamericano en un contexto global cada vez más competitivo frente a Estados Unidos y China.
Según estimaciones de fuentes europeas, el acuerdo podría generar exportaciones adicionales por unos u$s10.000 millones anuales, mientras que las ventas totales entre ambos bloques crecerían en casi u$s60.000 millones.
Tras la firma política, el entendimiento deberá atravesar ahora el camino institucional en ambas orillas del Atlántico. Cada país del Mercosur deberá ratificarlo de acuerdo con sus procedimientos internos —en el caso argentino, con el debate que acaba de comenzar en Diputados—, al igual que los Estados miembro de la Unión Europea. Se trata de un proceso que puede demandar meses e incluso años, dependiendo de la dinámica parlamentaria.
Los sectores que se verán beneficiados
Luego de más de 25 años de negociaciones, el acuerdo logró destrabarse pese a la histórica reticencia de Francia y consolida un mercado de bienes y servicios de más de 700 millones de consumidores. Entre los principales beneficiados se destacan los productos cítricos, los bienes de origen marino y las carnes.
El texto también apunta a garantizar la estabilidad de las reglas de acceso y a evitar medidas discriminatorias o proteccionistas. La Unión Europea eliminará aranceles para el 92% de las exportaciones del Mercosur, mientras que el bloque sudamericano hará lo propio con el 91% de las importaciones provenientes del viejo continente.
En el caso de las manufacturas argentinas, el acuerdo prevé reducciones arancelarias para determinados productos y la aplicación del régimen de libre comercio para otros, además de ventajas comparativas que apuntan a mejorar su competitividad exportadora.
Los cítricos, las hortalizas y el algodón ingresarán bajo un esquema de libre comercio que se implementará de manera gradual, con plazos que van de 4 a 10 años. Para los vinos argentinos, la UE reducirá los aranceles de forma progresiva hasta su eliminación total en un plazo de ocho años.